Queridos Gurubhais:
Al hacerme responsable de iniciarlos, sabía que la enseñanza que represento no les resultaría fácil de aprehender ni de aplicar. Han transcurrido varios años ya, ¿pero se han preguntado a ustedes mismos en dónde se encuentran en cuanto a su compromiso personal? ¿Cómo lo han hecho concreto en la vida? ¿Le hacen justicia a la enseñanza que han recibido? Esas preguntas son importantes para manifestar en el sendero un día u otro.
La conexión personal con el Gurú es innegable, pero el discípulo tiene el deber de estudiar y de meditar sobre la enseñanza conferida. El japa o la repetición del mantra es lo menos que se puede hacer. Resultaría extraño que los discípulos no estuvieran percatados de la enseñanza de su linaje. Si esto se confirmara como un hecho, la tendencia conduciría a la confusión y a la disolución.
Una enseñanza espiritual no está solamente para hacerlos escuchar lo que ustedes desean escuchar sino para llamarlos a la reflexión y para sobreponerlos a sus propias resistencias basadas en temores.
Todos ustedes tienen hambre de amor y se fascinan con los primeros trovadores que les cantan un romance sutil, pero éstos son unos pobres ignorantes ataviados con vestiduras de santos.
El amor en el nivel espiritual es un logro tal que requiere de una pureza incuestionable. La pureza en cuestión no es lo que ustedes llaman castidad, esa castidad promovida por aquéllos que son incapaces de considerar el cuerpo como parte de la manifestación divina. La pureza a la que me refiero es la ausencia total del espíritu de dominación.
Los fantasmas de la dominación son tendencias oscuras que contaminan todas las relaciones humanas, que están presentes también en el sendero espiritual. Hay muchos ejemplos de maestros que han sido afectados por ellas.
Ahora, en lo que respecta al satsang, debemos de precisar algunos aspectos:
El satsang no es una reunión entre amigos afines. El satsang es un ritual para renovar la llama de la enseñanza por medio de la meditación en conjunto, del compartir textos que ponderen la enseñanza y, por lo menos, de un árati u homenaje al Gurú por medio de la invocación que se les ha dado.
Una comunidad espiritual de discípulos no es obviamente una comunidad de personas que tienen la misma personalidad. Todos somos diferentes pero tenemos que aprender a respetarnos los unos a los otros.
El satsang no es un talent show sino un servicio a la vida de la enseñanza representada por el Gurú.
Si estos principios no funcionan, no habrá oportunidad alguna de conservar un legado ni de encontrar la manera de vernos los unos a los otros nuevamente en esta vida.
No existe bancarrota económica ni adversidad personal que pueda justificar el hecho de que los discípulos gurubhais sean ajenos entre ellos mismos. Despierten, dense cuenta y ejecuten en este maravilloso día de Pascua.
Aum Prem,
Sri Hanuman
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